Yuki Nagato me recomendó la lectura de Hyperion. En realidad se lo recomendó a Kyon, otro de los personajes de la pluscuamperfecta serie conocida como Suzumiya Haruhi no Yūutsu o bien La melancolía de Haruhi Suzumiya. El punto es que como acólito de la tal ánime uno no puede hacer otra cosa sino sentirse intrigado por el libro del que hablan, así me hice de un ejemplar (dos años después, who cares, la intención ahí estaba) En fin, gran lectora de libros, Yuki recomienda una interesante novela. Qué otra cosa habría de esperarse de una interfaz orgánica alienígena con apariencia de una linda colegiala enviada a la Tierra con el propósito de interactuar con las formas de vida de este planeta por ordenes de algo conocido como la Entidad para la Integración de Información.
En otra ocasión trataremos la influencia de Hyperion en Suzumiya Haruhi… La serie merece numerosos artículos, reseñas, halagos, tablas comparativas, listas de mis 15 momentos favoritos, cultos, sacrificios rituales, enajenamiento, aprenderse los bailes y las rolas… Ahora que Hyperion merece, pues, esta nota. Bueno también mereció los premios Locus y Hugo en aquel lejano 1990. Y hartos seguidores, algunos de los cuales colocan a Dan Simmons, el autor, como un nuevo Bradbury. No voy tan lejos, pero como Yuki, también recomiendo el libro.
¿De qué trata la novela? La historia sucede en un lejano futuro, digamos dentro de unos setecientos años. La humanidad ya conquistó el espacio, no todo (es bien sabido que hay mucho) pero sí bastantes planetas de la galaxia. Existe una especie de gobierno interestelar llamado “La Hegemonía” quién se encarga del bienestar de la raza humana. Apenas si hay conflictos bélicos dentro de esta red espacial. Y sí, hay teletransportadores (teleyectores para los más puristas, porque no se desintegra el individuo y se reproduce en otro lado, más bien es una mini agujero negro bla bla bla…), pistolas de rayos láser (¡y máser!), campos de fuerza, supremas inteligencias artificiales, androides, clones, naves que viajan a la velocidad de la luz, obviamente esos viajes hay que hacerlos en estado de criogenización, más sci-fi, más sci-fi.
Es entonces cuando se prepara una gran guerra que supondrá un apocalipsis para los míseros mortales conocidos como los “humanos”, debido a la intervención de unos seres llamados “Los Exters”. Ellos también son humanos o lo fueron porque han evolucionado en una nueva especie. Nada tan drástico se muestra en la novela (dejen de imaginarse a Alf o los langostinos). Altos, delgados, largas extremidades, colas prostéticas. El asunto es que ellos se oponen a la Hegemonía y viven fuera de su red planetaria. De ahí el ingenioso nombre con el que se les conoce, casi tan ingenioso como el de “Los Resisti”. Entonces la gran guerra entre estas dos potencias es el marco para el desarrollo de la historia. Ahora vamos a cosas más particulares.
El epicentro de este conflicto es el misterioso planeta llamado “Hyperion” ¿Qué lo hace tan especial? El aún más misterioso Alcaudón (“Shrike” en inglés, este si es un buen nombre y bastante ad hoc, toda vez que uno entiende que demonios es un alcaudón) Terrible y enigmática criatura, venerada por los miembros de la Iglesia en su honor con el título de “Señor del dolor” y tal parece, es la clave para el desarrollo de la gran guerra.
En la novela se nos cuenta que la Iglesia del Alcaudón les permite de vez en cuando a algunas personas realizar peregrinaciones para ir al encuentro con tal ser. El hilo conductor de Hyperion es una de estas peregrinaciones. Quizá la definitiva por el inicio de lo que se espera sea el Armagedón a la chirrionésima potencia.
Al estilo de “El capitán, el millonario y su esposa, la actriz de cine y todos los demás…” cada uno de los miembros de la peregrinación tiene un rol bien definido. Así que nos topamos con el militar, la detective, el político, el sacerdote, el navegante, el filósofo y el poeta. Cada uno de ellos con su propio y singular motivo de ir a la búsqueda del Alcaudón. Los peregrinos irán contando su historia durante el transcurso de la expedición y la razón de unirse a ella.
Aquí dejamos el “qué” y entramos al “cómo”. La estructura “Mil y una noches” hace que el libro sea bastante entretenido. En lugar de un desarrollo lineal donde de “A” llegamos a “Z” tenemos la oportunidad de detenernos en lo que es “M” y conocer “M1”, “M2”, “M3”, etc. Debido a esto son varios los momentos en lo que “C1” se conecta con “R6”, “L4” con “X11”, y otros y otros, provocando una intertextualidad que vuelve a la novela un mundo mejor definido y verosímil.
A diferencia de Las mil y una noches, las historias de cada uno de los protagonistas están narradas con registros distintos; se pasa de una novela de aventuras a una de serie negra o romántica. De la acción futurista al drama familiar. Esta virtud también entraña la debilidad de la obra. No es el hecho de que sea abrupto el cambio entre los registros o que no se desarrollen completamente. No, es más bien el hecho de que las historias destacan por su interconexión y servicio a la trama principal. Por separado no sobresalen (tal vez la de Martin Silenus; especie de ensayo de poética, cuento de terror y crítica al lado comercial de la literatura) Creo que el sistema está diseñado para que así suceda y que leamos la historia del padre Hoyt esperando ávidamente la del teniente Kassad para que nos revelen más piezas de la imagen de la tapa.
La prosa no destaca por su belleza sino por lo que nos cuenta. La trama está bien entretejida y los personajes no logran un desarrollo pero si una útil definición, como ya se mencionó antes. Sabemos quien es el guerrero, el ladrón, el mago, el monje, etc. Las descripciones ciertamente logran imágenes espectaculares y en otros casos se quedan en meros requisitos de la ciencia ficción. Los diálogos llevan a buen puerto su cometido, no se notan forzados pero si teatrales en varios casos. La novela reboza de reflexión, de acción, sexo, romance, nostalgia, intriga interestelar, traiciones, venganza…como Las mil y una noches, pero futurista y recargado.
Todo lo anterior lleva a que Hyperion sea una obra de lectura muy fluida. Quizá Kyon se asustó con el tamaño del libro cuando se lo presta su amiga, pero uno avanza rápidamente entre los capítulos con el fin de saber que pasa con los santos peregrinos al encontrarse con el Alcaudón y las repercusiones que tiene con el mundo creado alrededor de ellos. Una buena historia de campamento, contada durante varias fogatas. También hay que señalar la influencia de Keats, desde que el título de esta obra hace referencia a un poema épico de este autor. Sólo lo menciono, no he leído a Keats, digo, ¿quién lee poesía? Sé que ahí está el asunto de dioses creando a los hombres y en la novela de Simmons, hay hombres creando inteligencias artificiales…oh, ya veo. Bueno Keats también aparece en un cuento de Kipling que se llama “La radio”. Excelente relato del maestro inglés. Mejor lean eso. Bueno, también eso.
Finalmente hay que decir que Hyperion continúa en La caída de Hyperion donde al parecer Simmons concreta su estilo. No lo sé, lo vi en el prólogo del primer libro. Basta decir que Yuki Nagato me lo recomendó y éste motiva bastante a conseguir el segundo.










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